La regulación de los ciclos circadianos es una de las funciones más críticas del organismo humano. Estos ritmos biológicos, que siguen un ciclo de aproximadamente 24 horas, sincronizan procesos vitales como el sueño, la secreción hormonal, la temperatura corporal, el metabolismo y el sistema inmunitario. Los ritmos circadianos no solo son un mecanismo fisiológico, sino una clave fundamental en el equilibrio del sistema mente-cuerpo; porque recordemos que somos seres integrales.
¿Qué son los ritmos circadianos?
El término «circadiano» proviene del latín circa diem, que significa «alrededor de un día». Están regulados principalmente por un reloj central ubicado en el núcleo supraquiasmático (NSQ) del hipotálamo que se encuentra en el cerebro. Este reloj se sincroniza principalmente por la luz natural que recibe de forma directa de los ojos, aunque también responde a otras señales como la alimentación, la temperatura y el movimiento. Además de este reloj central, existen relojes periféricos en diversos órganos y tejidos, que coordinadamente aseguran el correcto funcionamiento del organismo.
Un ritmo circadiano saludable influye directamente sobre la producción de melatonina, cortisol, la regulación del eje HHA (hipotálamo-hipófisis-adrenal), el sistema inmunitario, el estado de ánimo y el metabolismo. El reloj circadiano optimiza la fisiología y la adaptación del organismo al medio ambiente. Interviene directamente en los sistemas neuroendocrino, inmunológico y digestivo. Junto con la microbiota intestinal, impacta coordinadamente el procesamiento neuronal, el metabolismo, la inflamación, entre otras cosas.
El cuerpo humano actúa como un fotoreceptor, que utiliza la luz y la obscuridad como información para regular las funciones y conductas de sus órganos. Dependiendo de cómo interprete la información lumínica, se generan procesos dinámicos de activación o inhibición de genes. Este proceso regula los momentos de actividad y calma permitiendo la sincronización de los ritmos circadianos.
Los diferentes sistemas, órganos, hormonas funcionan distinto dependiendo del momento del día en el que nos encontremos. Por ejemplo, por la noche la hormona de crecimiento aumenta y el cortisol baja, por la noche el sistema inmune incrementa su actividad aprovechando que el cerebro está en reposo. La distribución energética de nuestro organismo está mediada por señales circadianas.
«Cuando hay una información inadecuada de acuerdo al momento del día en el que nos encontramos, el cuerpo se desincroniza. Esto genera patologías fisiológicas, emocionales, cognitivas y somáticas.»
PNI Néstor Sánchez Férez
La disrupción de los ritmos circadianos se relacionan con patologías inflamatorias, alteraciones metabólicas, ansiedad, depresión, trastornos autoinmunes e incluso neurodegeneración.
Los niños y adultos con autismo suelen presentar alteraciones significativas en los patrones del sueño, desregulación del ritmo circadiano, alteraciones en los neurotransmisores, menor producción de melatonina. Estas alteraciones pueden estar vinculadas con una inflamación crónica de bajo grado, disbiosis intestinal, disfunción mitocondrial, neuroinflamación, desregulación inmune y endocrina así como a la exposición crónica a luz artificial y las pantallas. La cronodisrupcuón en personas con autismo puede exacerbar síntomas como la irritabilidad, la dificultad para concentrarse. La falta de un sueño de calidad, reparador y suficiente afecta a la salud, el aprendizaje y el estado de ánimo.
Evitar insultos circadianos es indispensable para el correcto funcionamiento de nuestros ritmos circadianos. Algunas maneras para cuidar la correcta sincronización de los ciclos circadianos son la exposición a la luz natural, a la luz del sol del amanecer y al atardecer, evitar las luces artificiales, mantener horarios de alimentación consistentes y siempre de día mientras hay luz, tener horarios de sueño regulares y realizando actividad física. Brindarle a nuestro organismo la información que espera de nosotros impacta dramáticamente a su correcto funcionamiento.