Alteraciones

En lo personal, y por todo lo que hemos vivido en este camino, creo que para mejorar verdaderamente la salud, el bienestar y la calidad de vida de una persona con autismo, es fundamental rodearse de especialistas actualizados, humanos y realmente comprometidos.

La diferencia en el desarrollo y bienestar de Luciano fue muy notoria cuando, finalmente, llegamos a profesionales con experiencia real trabajando con niños dentro del espectro y con las distintas alteraciones que pueden acompañarlo.

Y aun así, el camino no ha sido en línea recta.

Ha habido avances enormes, pero también etapas difíciles, retrocesos, ajustes y momentos de incertidumbre. Hemos cambiado especialistas, agregado nuevos enfoques, investigado muchísimo, aprendido sobre la marcha y entendido que muchas veces hay que ir trabajando capa por capa, cada vez más profundo.

Con el tiempo, también entendimos algo muy importante: esto no suele resolverse de manera rápida, ni simple. Es un proceso que requiere orden, paciencia y constancia. A veces hay que atender primero ciertas alteraciones, para después, poder trabajar otras más complejas o profundas. También es necesario observar cómo responde cada niño a las intervenciones y ajustar continuamente el camino.

Es, definitivamente, una carrera de resistencia; no de velocidad.

Y aunque muchas veces puede sentirse abrumador, también vale profundamente la pena. Porque cuando empiezas a notar cambios en su mirada, más conexión, menos crisis, mejor regulación, mayor atención y un mayor bienestar general… entiendes que todo el esfuerzo cobra sentido y vale la pena.

No voy a romantizarlo: es un proceso complejo, que requiere tiempo, dedicación, acompañamiento, investigación, paciencia, recursos económicos y muchísimo amor.

Desde mi experiencia, hay tres pilares fundamentales en este proceso: la intervención médica, la intervención nutricional y la intervención terapéutica. Por supuesto, basados y acompañados en el amor, la presencia, la contención y el apoyo de nosotros como padres.