Comer es una conducta humana compleja que entrelaza sensaciones corporales, condiciones fisiológicas, sensoriales, el estado emocional, la memoria, el entorno familiar, el desarrollo. Para la mayoría de nosotros, la comida va más allá de alimentarnos; es también placer, socialización, bienestar. Pero para muchas personas con autismo —y sus familias— comer puede representar un gran desafío y convertirse en una fuente de estrés, conflictos y riesgo para la salud. No se trata de “caprichos” o “mal comportamiento”, sino de un fenómeno complejo, que afecta la salud integral de la persona.
Diversos factores como problemas médicos, de maduración, de lenguaje y comunicación, de biomecánica motor oral y en la integración sensorial pueden afectar la conducta alimentaria. Solemos pensar que comer es lo más natural y sencillo del mundo; pero no es tan fácil como creemos.
La habilidad de alimentarse depende del estado de desarrollo. El desarrollo necesario es mucho más complejo de lo que pensamos. Implica el correcto avance de muchos procesos como son: los reflejos primitivos, el control motor temprano, el desarrollo de los músculos orofaciales, tener la suficiente energía y fuerza para realizar procesos como la masticación, la coordinación ojo-mano, la madurez del sistema nervioso central para integrar las señales sensoriales, un buen tono muscular.
Para que todo esto se desarrolle adecuadamente, es necesario que el organismo cuente con la materia prima necesaria, que funcione adecuadamente y que esté en un ambiente propicio que lo permita. Estos elementos de evolución se ven alterados en muchas personas con autismo.
Todo esto puede generar alteraciones en la conducta alimentaria como son: apetito limitado, selectividad, rechazo, miedo o problemas de alimentación con múltiples implicaciones.
¿Qué es la Selectividad Alimentaria y por qué Importa?
La selectividad alimentaria se refiere al rechazo persistente de alimentos, la escasa variedad de alimentos aceptados y conductas restrictivas durante la comida. Cuando se mantiene en el tiempo, puede afectar seriamente la salud al causar malnutrición y afectar el desarrollo.
La selectividad no surge de la nada. En el autismo coexisten, con mucha frecuencia, una serie de características que impactan la forma de alimentarse:
- Dolor, incomodidad o síntomas gastrointestinales
Estudios muestran que muchos niños y adultos con autismo presentan síntomas gastrointestinales frecuentes (dolor abdominal, reflujo, constipación), los cuales se correlacionan con conductas alimentarias atípicas y selectividad. - Sensibilidad sensorial
Muchas personas con autismo son hiper o hiporreactivas a sabores, texturas, colores, olores o temperaturas, lo que hace que ciertos alimentos sean percibidos como dolorosos o desagradables. - Rigidez conductual y preferencia por lo predecible
La insistencia en rutinas y la necesidad de previsibilidad son rasgos comunes en el autismo. Esta preferencia se traslada a los hábitos alimentarios: mismos alimentos, misma marca, misma presentación.
Este círculo —sensibilidad, dolor, rechazo— puede reforzar la evitación de alimentos; creando un patrón que afecta no solo la conducta; sino la salud. A esto se le suma la ingesta de alimentos altamente palatales que alteran el gusto y generan ansiedad y adicción como los ultraprocesaros, el gluten, los lácteos, los azúcares; lo que dificulta aún más la ingesta de alimentos nutritivos y necesarios. La selectividad alimentaria no es inocua. Todo esto tiene implicaciones concretas sobre:
- Calidad de la dieta y nutrición. Estudios muestran que existe una relación directa entre la selectividad alimentaria y una calidad dietética reducida en la infancia, lo que puede llevar a déficits de nutrientes con consecuencias en el crecimiento, la inmunidad y el desarrollo neurológico.
- Salud gastrointestinal y microbiota. Un patrón alimentario restringido puede favorecer desequilibrios en la microbiota intestinal y contribuir a síntomas gastrointestinales. Estos cambios no solo afectan la digestión, sino que, tienen impacto sobre la inflamación, el estrés corporal y el neurodesarrollo.
Como vemos, dejar de comer o tener una ingesta selectiva siempre tiene una o más causas. Va mucho más allá de una simple preferencia, gusto o capricho.
Detrás de problemas de alimentación pueden existir padecimientos biológicos; gastrointestinales como gastritis o reflujo, problemas en la vía aérea superior como sinusitis, disfunción mitocondria, problemas oromotores, infecciosos, inmunológicos. Hay que buscar la causa de ese síntoma.
Dr. Nicolás Loyacono
En la medicina funcional, no separamos al organismo del contexto. Comer es un acto que involucra:
- biología del sistema digestivo
- procesamiento sensorial
- sistema nervioso central
- entorno emocional y familiar
- aprendizaje y experiencia previa
Por eso, cuando hablamos de selectividad alimentaria no podemos reducirlo a “conducta” o “caprichoso”. Es una interacción compleja de múltiples factores, con un significado bio-psico-social.
Evaluación y Abordaje Recomendado
La evaluación debe contemplar tanto aspectos fisiológicos como conductuales y ser llevada a cabo por un equipo multidisciplinario que realice:
- valoración médica y nutricional
- evaluación sensorial
- intervención de terapeutas
- estrategias conductuales positivas y respetuosas
- acompañamiento familiar
Señales de alerta que pueden indicar causas médicas:
- cambios en el tono de voz durante la alimentación
- presencia de tos, flemas
- cambios en la respiración
- necesidad constante de tomarmucho líquido durante la alimentación
- dificultad para masticar o tragar
- morder o chupar ropa durante el día
Estos signos pueden asociarse con reflujo, gastritis, alteraciones en la masticación o deglución. Es importante acudir a un médico para su valoración.
Recomendaciones Clave para Padres o Cuidadores
- No retirar los pocos alimentos que la persona ya acepta.
- Seguir ofreciendo alimentos no aceptados, pero en pequeñas cantidades y sin presión.
- Identificar la causa biológica o sensorial.
- No asumir que todo es sensorial; la mayoría de las veces hay factores médicos.
- Intervenir cuanto antes.
- Acompañar a la familia con orientación y estrategias prácticas.
Resolver la selectividad alimentaria es posible con un abordaje interdisciplinario real y respetuoso.
“Ningún niño/a deja de comer porque tiene autismo, capricho o ‘x’ condición. Dejan de comer porque tienen dolor, nauseas, reflujo, angustia… síntomas que necesitan atención. Basta de normalizar la falta de ingesta por la etiqueta diagnóstica.”
— Lic. Sabrina Kuzawka
La selectividad alimentaria en el autismo no es un rasgo aislado ni una cuestión de voluntad. Es el resultado de múltiples factores neurobiológicos, sensoriales, gastrointestinales y ambientales, que interactúan y se retroalimentan.
Comprender esta complejidad es clave para prevenir déficits nutricionales, reducir la ansiedad y el malestar asociado a la comida. Abordarlo de este modo puede nos solo transformar la alimentación, sino también mejorar la salud y bienestar de la persona y su familia.