La alimentación no es un acto aislado ni una suma de calorías: es información biológica que modula hormonas, neurotransmisores, inflamación, microbiota y metabolismo. En consecuencia, impacta tanto la biología como la conducta y el bienestar. En el enfoque de Medicina Funcional, PNI (Psiconeuroinmunología) y medicina de estilo de vida, entendemos que cada comida es una señal que le comunica al cuerpo cómo funcionar; al mismo tiempo que le da la materia prima necesaria para hacerlo correctamente.
Una dieta antiinflamatoria es una alimentación que favorece el equilibrio del organismo, la salud metabólica, la función inmune y la estabilidad tanto neurológica como emocional. Esto es especialmente relevante cuando pensamos en condiciones neurobiológicas como el autismo; donde convergen la biología, el entorno, las emociones, la microbiota y la fisiología.
La alimentación o dieta antiinflamatoria es un patrón de alimentación basado en alimentos que disminuyen la inflamación crónica de bajo grado. Esa inflamación que es sutil pero prolongada en el tiempo, que contribuye a enfermedades cardiovasculares, diabetes, algunos tipos de dolor crónico, y que también se asocia con alteraciones neurologícas. Es una de las principales intervenciones contra la neuroinflamación. Para cuidar nuestro cerebro debemos cuidar nuestro intestino y su microbiota.
Una dieta pobre afecta a tu cerebro en más de una forma. Lo que comemos influye en nuestro estado de ánimo, en la memoria, en la concentración y nuestra habilidad.» -Dr. Mark Hyman
Se basa en evitar alimentos que favorecen la inflamación como los ultraprocesados, azúcares añadidos, grasas trans. Y se busca consumir alimentos con propiedades antiinflamatorias.
Los estudios clínicos y meta análisis publicados en The Lancet, Nutrients y JAMA, muestran que este tipo de alimentación reduce biomarcadores inflamatorios, mejoran perfiles lipídicos, reducen el riesgo cardiometabólico y modulan el sistema inmunológico.
“La inflamación crónica de bajo grado es uno de los grandes motores de las enfermedades modernas, y la dieta es uno de los principales moduladores de este proceso.” — Universidad de Navarra, Cátedra de Nutrición (2022)
En la población general, la alimentación antiinflamatoria ha mostrado:
- Menor inflamación sistémica.
- Mejor salud cardiovascular.
- Menor riesgo de diabetes tipo 2.
- Menor riesgo de deterioro cognitivo.
- Menor riesgo de depresión.
Las personas con autismo suelen padecer deficiencias nutricionales y problemas gastrointestinales debido a la selectividad alimentaria que suelen sufrir, las alteraciones en la integracion sensorial, la preferencia por texturas específicas, la adición a los ultraprocesados. Las personas con autismo tienen mayor riesgo de tener baja vitamina D, deficiencia de hierro, bajo consumo de fibra, baja ingesta de omega-3, deficiencias del complejo B, alteraciones en la relación de los niveles de zinc/cobre.
Sin duda, una mejor alimentación mejora la salud en general, reduce la inflamación, mejora la energía, modula la microbiota y, con ello, se puede mejorar la calidad de vida, el bienestar, el sueño y la conducta.
Las dietas antiinflamatorias benefician a personas con autismo de múltiples formas:
- Mejora los síntomas gastrointestinales.
- Genera una mejoría neuroconductual.
- Menor irritabilidad cuando se corrigen deficiencias (por ejemplo, vitamina D, hierro, omega-3).
- Reduce la selectividad alimentaria.
- Mejora la función cognitiva y el estado de ánimo.
- Mejora el balance nutricional y la absorción de nutrientes.
- Mejor sueño al mejorar los síntomas gastrointestinales.
- Mayor energía.
La alimentación antiinflamatoria se caracteriza por ser rica en antioxidantes y polifenoles (presentes en las frutas, verduras, cacao, aceite de oliva) que neutralizan a los radicales libres y reducen las señales que activan la respuesta inflamatoria del organismo. Brinda fibra que es el alimento de las bacterias que conforman la microbiota intestinal. También se caracteriza por tener un balance adecuado entre los omegas 3 (antiinflamatorios presentes por ejemplo en el pescado azul, las algas, la linaza) y omega 6 (proinflamatorios) lo cual favorece la modulación de la inflamación.
La alimentación antiinflamatoria no es un “estilo” o una moda; es un patrón de alimentación coherente con nuestra biología, con la evolución humana que cuenta con un gran soporte en la evidencia científica. Sus beneficios abarcan desde la salud inmunológica y metabólica hasta la estabilidad emocional y cognitiva. Es una de las formas más simples, accesibles y poderosas de modular la inflamación crónica que afecta al cerebro, al intestino y a la salud emocional.
La alimentación es una de mis herramientas favoritas médicas. Es más rápida, es mejor y es más barata que la medicación. -Dr. Mark Hyman
En el autismo, donde convergen la neurobiología, la inflamación, la microbiota y el entorno emocional, mejorar la calidad de la alimentación crea un terreno fisiológico más estable que puede apoyar a la calidad de vida de la persona al impactar favorablemente en el sueño, la energía, la conducta, la digestión y el bienestar.
Conocer cuál es la alimentación ideal para cada uno es el resultado de un camino de investigación y de autodescubrimiento. – Dr. Alejandro Junger
No hay una dieta única del autismo; sino una nutrición basada en la individualidad bioquímica de cada persona. La clave está en la personalización, el acompañamiento compasivo, humano y el respeto a la individualidad de cada persona.