Cuidar a alguien que amamos profundamente es un acto de entrega que nace del corazón… pero también es una experiencia que puede llevarnos a nuestros propios límites.
Quienes somos madres, padres o cuidadores primarios de personas con mucha necesidad de apoyo y/o discapacidad, sabemos que —aunque hay mucho amor y fortaleza— también existen días muy duros, de profundo cansancio, soledad y desgaste. No siempre hay redes de apoyo, recursos suficientes o espacios para respirar. No siempre es tan simple como “buscar ayuda” o “darse un tiempo”, porque muchas veces esa no es una opción real.
He estado ahí, y sé que no se trata de teoría, sino de realidades que se viven en carne propia. Por eso, cuando Ayelén Aguirre —una de las docentes del Posgrado en Pediatría Integrativa que cursé— me compartió un valioso material sobre “¿Quién cuida a quien cuida?”, sentí que era algo que debía compartir aquí.
Este tema es fundamental: el cuidado del cuidador no es un lujo, es una necesidad vital. Nuestra salud física, mental y emocional impacta directamente en la de nuestros hijos, en la dinámica familiar y en nuestra capacidad de sostenernos a largo plazo. El objetivo es cuidarnos desde donde estamos hoy, con lo que tenemos, de la manera en que sea posible… pero siempre manteniendo el foco en estar lo mejor posible —por nosotros mismos y por quienes amamos y dependen de nosotros.
Ayelén es Terapeuta Sistémica y Psicóloga Social, especializada en Constelaciones Familiares y Biodescodificación.
IG: @ayelenaguirre_sistemica
Muchas gracias, Aye, por permitirme compartir este material y sumar esfuerzos para mejorar la vida de las personas con autismo y sus familias.
Les presento esta colaboración que busca abrir conversación, generar conciencia y, sobre todo, recordarnos que cuidarnos también es una forma de cuidar.