Los disruptores endocrinos cada día cobran mayor importancia debido a su impacto en la salud. Estos compuestos químicos están presentes en nuestro día a día, y su capacidad para alterar nuestro equilibrio hormonal puede tener consecuencias profundas tanto en la salud general como en el desarrollo neurológico.
¿Qué son los disruptores endocrinos?
Los disruptores endocrinos son sustancias químicas que interfieren con el sistema endocrino, imitando, bloqueando o alterando la acción de las hormonas en el organismo. Las hormonas son mensajeros que regulan procesos como el crecimiento, el desarrollo, el metabolismo, la reproducción y el sistema inmune.
Están por todos lados; los encontramos en plásticos (como el bisfenol A), cosméticos, pesticidas, retardantes de llama, productos de limpieza, envases, alimentos procesados, perfumes, aromatizantes y en muchos objetos de uso diario y cuidado personal.
“Los disruptores endocrinos representan un reto silencioso para la salud pública por su capacidad de alterar la homeostasis hormonal y contribuir al desarrollo de enfermedades crónicas.”
— Endocrine Reviews, 2020
Mecanismos de acción
Los disruptores endocrinos pueden actuar de diversas maneras:
- Imitando hormonas, engañando a las células y generando respuestas inapropiadas.
- Bloqueando la unión de hormonas naturales a sus receptores, impidiendo que cumplan su función.
- Alterando la síntesis, transporte, metabolismo o eliminación de hormonas, lo que desequilibra el sistema hormonal en general.
Esto es especialmente importante en las etapas de desarrollo como el periodo prenatal y la infancia; ya que en estas etapas las hormonas regulan procesos fundamentales del crecimiento y la diferenciación celular. Debido al impacto de los disyuntores endocrinos se está presentando pubertad precoz.
Las hormonas no actúan de forma aislada: están en constante comunicación con el sistema inmune y el sistema nervioso. Cuando se altera este equilibrio, pueden desencadenarse inflamación crónica, disfunciones metabólicas y alteraciones en la señalización cerebral. No es poca cosa.
Impacto en la salud general
La exposición crónica a estos compuestos se ha asociado con:
- Mayor riesgo de obesidad y resistencia a la insulina.
- Problemas tiroideos y disfunciones reproductivas.
- Trastornos del desarrollo neurológico y cognitivo.
- Alteraciones inmunológicas y aumento de inflamación sistémica.
¿Cómo afectan específicamente a las personas con autismo?
Los niños con autismo suelen presentar una mayor vulnerabilidad a los desequilibrios inmunológicos y metabólicos. Estudios recientes sugieren que la exposición prenatal o temprana a disruptores endocrinos podría impactarl en el neurodesarrollo.
Una revisión publicada en Environmental Health Perspectives señala:
“La exposición temprana a disruptores endocrinos, como los ftalatos y el bisfenol A, puede alterar la formación de circuitos neuronales durante períodos críticos del desarrollo.”
— Grandjean & Landrigan, 2014
En el autismo se suelen encontrar condiciones biológicas y fisiológicas que afectan tanto neurológicamente como la microbiota intestinal, el sistema gastrointestinal, el sistema inmune y el metabolismo. Los disruptores endocrinos pueden agravar estas alteraciones al aumentar la neuroinflamación, afectar la metilación y alterar la expresión genética.
Estas sustancias pueden interferir en el eje intestino-cerebro y modificar la respuesta inmune, aumentando la permeabilidad intestinal y exacerbando síntomas conductuales y sensoriales.
¿Qué podemos hacer?
Aunque evitar totalmente los disruptores endocrinos es casi imposible, podemos reducir la exposición y apoyar los sistemas de detoxificación natural del cuerpo. Algunas estrategias prácticas son:
- Alimentación real sin procesados, priorizando alimentos orgánicos, ecológicos y libres de pesticidas.
- Evitar plásticos, especialmente en alimentos calientes o bebidas. Preferir el uso de vidrio, acero inoxidable o cerámica.
- Revisar cosméticos y productos de higiene, buscando opciones sin parabenos, ftalatos ni fragancias sintéticas.
- Evitar el uso de aromatizantes y fragancias químicas.
- Apoyar el hígado y el sistema linfático, con suficiente agua, vegetales crucíferos y movimiento diario.
- Fomentar un microbioma intestinal sano, clave en el equilibrio inmunológico y endocrino.
Cada pequeña acción cuenta y poco a poco podemos reducir la carga tóxica y favorecer un entorno más saludable para todos, especialmente para los niños, quienes requieren un entorno interno y externo más equilibrado para su desarrollo integral.
Como bien dice el Dr. Mark Hyman:
“El mayor riesgo para la salud no son los cambios drásticos que hacemos, sino ignorar los pequeños cambios diarios que podrían transformar nuestra salud.”
— Dr. Mark Hyman.