En los últimos años, se ha hablado mucho sobre el impacto que tienen los metales pesados en la salud. Sin embargo, pocas veces se explica con claridad de dónde vienen y cómo pueden afectar de manera especial a personas con autismo y a sus familias.
¿Qué son los metales pesados y cómo nos afectan?
Los metales pesados son elementos como el mercurio, el plomo, el arsénico, el aluminio y el cadmio, presentes en el ambiente debido a la contaminación industrial, en pinturas y materiales de construcción, en alimentos procesados, en alimentos como pescados y mariscos grandes, en cereales como por ejemplo el arroz, en algunos cultivos regados con agua contaminada, en el agua, en utensilios que empleamos cotidianamente por ejemplo en la cocina, en cosméticos y productos de higiene personal, en desodorantes, en bloqueadores solares, en las coronas dentales (que en algunos casos se siguen utilizando); incluso en algunas vacunas.
El problema es que estos metales no son fácilmente eliminados por el organismo. Se acumulan en tejidos como el cerebro, el hígado y los riñones; y pueden alterar muchas funciones esenciales.
¿Cómo afectan al cerebro y al cuerpo?
Los metales pesados son disruptores neurotóxicos que afectan el desarrollo y la función normal del sistema nervioso.
«Los metales pesados como el mercurio y el plomo son neurotóxicos conocidos que afectan la maduración del cerebro y contribuyen a trastornos del desarrollo neurológico.»
Neurobehavioural effects of developmental toxicity. The Lancet Neurology. Grandjean P, Landrigan PJ.
En el caso de las personas con autismo, estos tóxicos pueden agravar la neuroinflamación, alterar la microbiota intestinal, aumentar el estrés oxidativo y generar desequilibrios en el sistema inmunológico y endocrino.
“La acumulación crónica de metales pesados en el organismo puede interferir con funciones enzimáticas, alterar el equilibrio oxidativo y comprometer el sistema inmune.”
Metales pesados: implicaciones toxicológicas y nutricionales. Universidad de Navarra.
Los metales pesados actúan como “gatillos” que pueden activar procesos inflamatorios crónicos y afectar la comunicación entre el cerebro, el sistema inmune y el sistema hormonal.
¿Cómo se relacionan con el autismo?
La evidencia encontrada en múltiples estudios, sugiere que la carga de metales pesados puede influir en la severidad de los síntomas de autismo y en la salud general de la persona.
“La toxicidad crónica por mercurio puede inducir neuroinflamación y disfunción mitocondrial, contribuyendo a manifestaciones neuroconductuales en niños susceptibles.”
Mercury and autism: accelerating evidence? Neuro Endocrinol Lett. Mutter J.
Los metales pesados general diversas alteraciones orgánicas, por ejemplo:
- Aumentan la sensibilidad a ciertos alimentos y estímulos.
- Pueden afectar la capacidad de concentración y el lenguaje.
- Agravan problemas digestivos y de detoxificación.
- Afectan la energía celular y la función mitocondrial.
“El plomo y otros metales pesados pueden causar alteraciones en la sinapsis y en la comunicación neuronal, interfiriendo en la plasticidad cerebral y en el comportamiento social.”
Toxicity of lead: A review with recent updates. Flora SJ.
¿Qué podemos hacer?
Lo primero que debemos hacer es reducir lo más posible la exposición. Igual de importante, es cuidar y optimizar las vías que nuestro organismo tiene de desintoxicación; de no ser así, una desintoxicación podría ser contraproducente. Los tóxicos necesitan salir del organismo (esto lo abordaré en una próxima entrada en el blog). Para poder abordar la exposición y acumulación de metales de forma personalizada y segura, siempre hay que estar acompañado por profesionales capacitados.
Algunos puntos clave que podemos hacer son:
- Identificar la exposición: Analizar posibles fuentes (agua, utensilios, juguetes, alimentos, ambiente).
- Optimizar la nutrición: Incluir alimentos ricos en antioxidantes, vitaminas y minerales que apoyan la detoxificación.
- Apoyar órganos de eliminación: Favorecer la función hepática, renal y digestiva para ayudar al cuerpo a eliminar toxinas.
- Cuidar la microbiota: Mantener un intestino saludable fortalece la capacidad de eliminar y bloquear toxinas.
- Regular el sistema inmune y reducir inflamación: Estrategias como el manejo del estrés, el sueño reparador y la actividad física moderada ayudan a reducir la inflamación crónica.
Es muy importante recordar que las estrategias de desintoxicación no deben realizarse sin supervisión de un profesional de la salud, ya que pueden sólo movilizar toxinas y empeorar los síntomas si no se manejan correctamente y logran salir del organismo.
Es muy importante recordar que en nuestro organismo todo está conectado. Los metales pesados no sólo afectan la piel, la microbiota, al sistema digestivo; también provocan neuroinflamación. Esto es aún más determinante en personas con susceptibilidades y alteraciones para la desintoxicación, como las personas con autismo. Ser conscientes de esto, nos permite evitar lo más posible la exposición, la acumulación e intoxicación. De esta manera, podemos mejorar la salud y la calidad de vida de nuestros hijos y de toda la familia.