Nuestro cuerpo es un sistema perfecto en el que todo está conectado e interrelacionado para que el organismo funcione correctamente. Uno de los mecanismos que tiene nuestro cuerpo para volver a su óptimo funcionamiento es la inflamación.
La inflamación es una respuesta fundamental para la supervivencia. Promueve la reparación de tejidos afectados y le permite al cuerpo regresar al equilibrio de los sistemas para funcionar adecuadamente.
La inflamación tiene dos fases. En la primera fase se activa el sistema inmunológico para frenar el daño; ya sea de un tejido o por un proceso infeccioso. El organismo genera una respuesta inflamatoria aumentando la producción de glóbulos blancos, células inmunes y citoquinas que ayudan a combatir la infección. En la segunda fase se realiza la restauración del tejido dañado y la eliminación de los residuos producidos.
Como podemos ver, la inflamación cumple una función imprescindible y es absolutamente necesaria. Su acción debería ser puntual y resolverse en cuanto cumple su objetivo. Cuando esto no sucede y se mantiene en el tiempo puede convertirse en un proceso crónico y sistémico con muchas implicaciones. Se convierte en inflamación crónica.
«Cuando la inflamación se vuelve crónica se convierte en una disfunción; un proceso complejo que genera múltiples síntomas y es la base de algunas patologías crónicas.»
PNI Carlos Pérez
La inflamación de bajo grado mantiene una constante activación del sistema inmune; lo que genera que en lugar de ser un mecanismo de defensa termine provocando daño.
Cuando se tiene una predisposición genética, la inflamación crónica de bajo grado es el gatillo del padecimiento. Esto se ve por ejemplo en el caso del cáncer, los problemas cardiovasculares, la diabetes, el Alzheimer, la enfermedad pulmonar, la artritis, las enfermedades autoinmunes o neurológicas.
El origen de la inflamación de bajo grado suele estar en la alimentación basada en procesados, la desregulación de la microbiota, las situaciones de estrés mantenidas en el tiempo, un mal descanso con falta de reparación, sobre peso o grasa visceral. Las personas con autismo padecen muchas de estas alteraciones; suelen tener inflamación crónica por alteraciones y disfunciones sostenidas en el tiempo, el estrés permanente que sufren, los problemas de sueño, etc. De ahí la importancia de buscar la raíz y atender las disfunciones orgánicas. Es importante detectar si se está sufriendo inflamación crónica para poder solucionarla.