Sin duda cada niño es único y avanza a su ritmo. Sin embargo, existen algunas características y habilidades que se deben ir cumpliendo durante su desarrollo. A nosotros, con Luciano, nos dijeron los típicos “los niños son más lentos, se tardan en hablar”, “Algunos niños hablan hasta los 4 o 5 años”, “cuando entre a la escuela va a hablar”, “es hijo único”, “está muy consentido”, “cada niño se desarrolla a su tiempo” y así, perdimos justo eso, tiempo. En el caso del neurodesarrollo y el autismo, “antes” sí es mejor.
Algunas señales de alerta en el neurodesarrollo de un niño son:
• Pobre interacción social
• Risa o euforia sin motivo
• Poco o nulo contacto visual
• Poca sensibilidad al dolor
• Aislamiento
• Girar, apilar o alinear objetos
• Apego exagerado a objetos
• Comportamientos extremos, hiperactivo o hipoactivo
• No responder a métodos educativos regulares
• No aceptar cambios en las rutinas
• Carecer de sentido del peligro
• Jugar de manera extraña
• “Ecolalia” repetir lo que escucha, sin intención comunicativa
• Evitar el contacto físico
• No responder a su nombre
• Dificultad para expresar necesidades
• Poca tolerancia a la frustración
• Mejor desarrollo motor fino que grueso
• Retraso en el habla y el lenguaje
• No seguir instrucciones
• No señalar objetos
• Respuestas sensoriales poco habituales o exageradas (olores, colores, sonidos, luces, texturas)
• Conductas repetitivas
Cuando miro atrás, reconozco que Luciano tenía varias de estas señales y que no únicamente nosotros; sino que los pediatras y especialistas las pasaron por alto. Y no es que la mayoría de los profesionales sean “malos”, lo que pasa es que no lo saben. Si cuando estudiaron y se formaron no eran cosas a cuidar o detectar, pues no las consideran importantes, ni siquiera las ven. Por eso me parece tan relevante que todo lo que se ha avanzado y se sabe hoy llegue a la mayor cantidad de personas posible, porque tristemente es algo que sigue sin enseñarse, aprenderse y detectarse en la mayoría de los consultorios. Me parece, que como casi todo hoy en día, las citas y los pacientes son un número más con 15 ó 20 minutos de atención apurada con otros pacientes esperando afuera, una asistente pesa y mide, el médico entra sin realmente poner toda su atención y vincularse con ese niño, con esa familia. Siguen pasando niños y familias por consultorios médicos, terapeutas, escuelas dónde éstas señales no son vistas y se sigue perdiendo tiempo. Lo cierto también, es que quizá en el fondo, nos daba tranquilidad pensar que todo estaba bien. Esto es algo que apenas he pensado ahora que empecé con Humanizando el Autismo. Nadie quiere escuchar que algo anda mal con su hijo. Sin embargo, si realmente hay algún problema, es mejor saberlo y actuar lo antes posible.
Me parece fundamental recordar que el autismo es un espectro y que cada persona con autismo es única con su sintomatología y características específicas. Las señales descritas anteriormente son una referencia, se han estandarizado para que sea un poco más fácil detectar alteraciones en el desarrollo; pero no tienen que estar todas y existen personas y niños dentro del espectro que sí tienen contacto visual, que sí tienen lenguaje, que no evitan el contacto físico.
Lo que me parece valioso de conocer estas señales es que si tienes un niño y notas algo raro, su desarrollo te parece distinto al de su hermanito o algo te inquieta, acudas al pediatra para que revise que esté alcanzando los indicadores correspondientes a su edad. Incluso existen evaluaciones de desarrollo.
He conocido casos de varias mamás preocupadas por notar algo raro en sus niños a las que han tachado de exageradas y cosas peores; no únicamente sus parejas, sino pediatras y médicos; ¿Y qué creen?… Resulta que unos años más tarde les confirman que sí había algo raro, que sí existieron regresiones, que sí tienen un problema en la integración sensorial, que sí reciben el diagnóstico de TEA.
Hoy por hoy, considero que es mejor una consulta extra y “exagerar” ante una preocupación con cualquier tema relacionado con nuestros hijos.